En estos días la sociedad chilena se ha enfrentado a un acto sindicado como un atentado terrorista. Un acto donde, justamente, es usado el terror como estrategia de presión para imponerse.

En Chile hace rato que no ocurrían eventos de violencia como éstos, que generaran tanta conmoción y alarma nacional.

Más allá del análisis de cuál es la motivación tras este tipo de acciones, o de quiénes son los responsables de evitarlas, no debemos subestimar el claro y, a veces, severo impacto que generan en la población.

En término simples, podríamos decir que el miedo y la ansiedad son respuestas adaptativas que posee el ser humano frente a situaciones percibidas como de riesgo o incertidumbre.

Por ende, es natural que ocurra que las personas luego de verse expuestas a estos hechos, eleven sus niveles de ansiedad y experimenten una sintomatología asociada al estrés vivido. Desde un estado aumentado de alerta hasta crisis de pánico.

Se comienza a temer y a anticipar catastróficamente la ocurrencia de un nuevo suceso y, por lo mismo, a evitar exponerse a los lugares o situaciones temidas.

Eso no sólo podría pasarle a las víctimas, sino a quienes han estado expuestos a los medios que han reiterado el hecho de violencia, a?n cuando lo hacen con ánimo informativo.

Los efectos y la severidad de los síntomas dependerán de la magnitud del estresor, y de cada sujeto en particular, dada su estructura biológica e historia previa.

Los santiaguinos, especialmente los usuarios del transporte público, ya ven?an incubando un estado de preocupación por las constantes fallas en el sistema. Con este último y grave evento que viene a coronar esta seguidilla de situaciones perturbadoras, lo m?s probable es que se disparen los cuadros de ansiedad en un alto porcentaje de usuarios.

¿Qué hacer? Dar soluciones simples a problemas complejos será nefasto e irresponsable, pero sí existen algunas pautas a seguir. Si bien es muy importante mantener la confianza en las autoridades y seguir creyendo que Chile ? y su transporte- son lugares seguros, lo esencial es hacer evaluaciones realistas de lo ocurrido. Ese es un trabajo personal e intransferible.

Las emociones intensas hacen que las personas distorsionen la realidad. En el caso de la ansiedad, que el futuro se perciba con gran riesgo, y que la persona se sienta m?s vulnerable e incapaz de enfrentar sus temores.

Se debe lograr evaluar lo ocurrido como lo que es: un evento absolutamente atípico dado que lo común y predecible es que las personas en todo el mundo vivan su día a día sin mayores sobresaltos.

La clave está en aprender a confiar en los propios recursos para enfrentar? la vida, educando los miedos para que no nos limiten. No esperar a que desaparezcan, no sólo porque son inherentes al ser vivo, sino porque son incluso deseables por su función adaptativa.

Las secuelas tras el atentado
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